El minutero marcaba unos escasos cuatro minutos para el final del partido cuando Andrés Iniesta se hizo con el control del balón  antes de que la avalancha de sus compañeros, locos de alegría, le hiciera desaparecer

Aunque esos cuatro últimos minutos terminaron en gloria,  seguro que a los seguidores españoles les resultaron tan largos como las décadas y décadas que tuvieron que esperar para poder ver a su equipo ganar un Mundial de fútbol.

España había conseguido clasificarse para todos los Mundiales desde 1978 y, prácticamente cada vez que llegaba la ansiada cita, tanto el público como los expertos lo situaban entre los favoritos para alzarse con la Copa. Dado el inmenso talento de que gozaba el conjunto y las espectaculares jugadas de las que hacía gala, tal y como atestigua la victoria ante Dinamarca, 5-1 en 1986, no se trataba de una apuesta a ciegas. Sin embargo, España se dejaba vencer por la presión del momento.

De hecho, antes de la ansiada victoria en Sudáfrica, nunca antes habían logrado pasar de cuartos de final. El gol de Iniesta marcó el fin de una época marcada por la ausencia de premios y reconocimientos.

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